Se casaron en la iglesia de Guadalupe, conocida como el Santuario, el 9 de enero de 1954, según Agripina.

El joven jalisciense probaba suerte como inspector de la compañía azucarera de tal forma que sus amigos le llamaban el "diabético", en broma.
Se hospedaba en una casa de asistencia ubicada en la calle Mina, a unos cuantos pasos de esta casa donde Ana vivía.
Javier era tan guapo, comenta Agripina, que las chamacas del barrio lo seguían.
En ese tiempo Ana Luisa trabajaba en la farmancia Económica perteneciente a un empresario español, Dositeo Fernández, conocido como "don Dosi".
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